Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Cuando Boores lo vio, lo reconoció por su aspecto, pues era caballero muy orgulloso, y por las ricas armas que llevaba vestidas: en todo ello reconoció que era el señor del ejército; dirige hacia él el caballo, con el escudo al cuello, la lanza en el puño y le ataca lo más rápido que puede. Los caballeros, que eran de gran valor, se golpean con las rectas lanzas, fuertes, con tales golpes que los dos escudos quedan destrozados y rotos. El caballero golpea a Boores en la parte de arriba del escudo, bajo la bocla, atravesándoselo y metiéndole la cortante punta en la carne a través de la cota; y si no se le hubiera roto la lanza, le hubiera causado una herida muy profunda. Boores, que siente el golpe, no le perdona nada; al contrario, le golpea por debajo de la bocla, le parte el escudo y le rompe la malla de la cota por el gran golpe que le da, metiéndole la lanza por el costado izquierdo, de forma que la punta sale por la otra parte. Los dos tenían mucha fuerza; las lanzas vuelan en astillas y luego chocan los cuerpos y los rostros, de forma que ambos sienten que se les nublan los ojos en la cabeza. El caballero no puede sujetarse en la silla y cae del arzón a tierra. El caballo de Boores pasa por encima de él, pisándole con las cuatro patas, y el golpe es tal que Boores vuela por encima del arzón y cae de espaldas en el suelo. Pero se levanta rápidamente, desenvaina la espada para atacar al caballero que mejor golpe le ha dado, según le parece, de cuantos ha recibido en toda su vida. El otro, ya se había levantado, a pesar de su aturdimiento, y al ver venir a Boores, saca la espada con rapidez y va a su encuentro encendido y encolerizado, con deseos de vengarse por su herida. Alza la espada y descarga un tajo con toda su fuerza, golpeándole con tal vigor en el yelmo que no puede evitar, por fuerte y duro que sea, que el filo de la espada no entre dos dedos en él. Boores, por su parte, le da tal golpe que hace que el fuego brote del yelmo y que los ojos le hagan chispas en la cabeza. Se despedazan los escudos, los yelmos y las cotas y se hacen sangre por todo el cuerpo con las cortantes espadas, maltratándose de tal forma antes de acabar el primer ataque, que la sangre les brota del cuerpo por varios sitios a los dos. El combate duró mucho tiempo con igual crueldad y dureza por ambas partes, hasta después de la hora de nona. Para entonces, los dos han padecido penas, esfuerzos y dolores, tanto por la sangre que han perdido como por el calor, que los ha cansado y agotado; a pesar de todo, siguen combatiendo con la espada mientras pueden resistir. Boores llevaba la mejor parte del encuentro y estaba muy por encima del caballero.