Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Así se separaron, alejándose de la torre todos, menos Farién y su mesnada. Farién se desarma y le miran las heridas los dos pasioneros que habían quedado, que eran conocedores de esa clase de golpes; el tercero estaba muy malherido y se ocupa de él la mujer de Farién, que cuando se entera de que su señor no tiene ninguna herida peligrosa, poco se preocupa por los demás, a excepción de Lambegue, al que cuida más de lo que se podría imaginar. Lambegue no había querido salir de la torre, pues temía que los de la ciudad volvieran a atacar a su tío, y prefería morir con él, si llegaba la ocasión, que estar a salvo con los otros.
Farién, por su parte, estaba mucho menos airado con su sobrino de lo que le había manifestado en el combate pues sabe que no le toleraría que lo afrentaran, o le hicieran daño. Pero, sobre todo, está sorprendido con su mujer que había odiado tanto a Lambegue y, sin embargo, ahora había ido corriendo a ayudarle con tanto valor que llegó a arriesgarse a ser herida o a morir. Por eso, se ha ganado su corazón de modo que no quiere recordar ninguna maldad de las que hizo anteriormente y la perdona en todo; a su sobrino le perdona la tristeza que le había producido al herir a un caballero que estaba bajo su custodia.