Historia de Lanzarote del Lago

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—Señor, no podría hacerlo de ninguna manera, pues tengo que llevar esta doncella a su amigo y después debo ir a un sitio al que me ha enviado mi señora la reina.

—Saigremor, vuestra negativa no vale nada, tenéis que hacer lo que os digo.

—Señor, no puede ser; aunque me cortaran la cabeza no lo haría, pues mi señora la reina está esperándome en la Fuente de las Hadas y tengo que regresar de inmediato. Por Dios, en otro caso, lo haría con mucho gusto y haría todo lo que desearais. Señor, por Dios, no os pese esta vez.

Cuando el duque ve que le suplica en vano hace que le entreguen a la doncella un palafrén, y le dice a Saigremor:

—Estoy a vuestras órdenes.

Éste le da las gracias y se marcha con la doncella, cabalgan hablando de varias cosas hasta el pabellón en el que había dejado a Calogrenant. Al llegar allí no encuentran a Calogrenant, ni al amigo de la doncella, ni al enano al que Saigremor había arrojado contra el suelo. Saigremor se sorprende y le pregunta a la doncella qué puede haber ocurrido con ellos.

—No lo sé.

—¿No? No sé a quién preguntar.

—¿Preguntar, qué?


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