Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Agravaín, mientras tanto, seguía arriba, viendo el duelo de la doncella sin poder hacer nada para aliviarla. Le pregunta al enano si deseaba que hiciera algo más. «Ciertamente —le responde éste—, no, pues me habéis servido muy bien con lo que habéis hecho; os podréis ir cuando lo deseéis, pero os aseguro que nunca habréis tenido una jornada tan dolorosa como será ésta antes de que pase la hora de nona».
Las palabras del enano le preocuparon poco a Agravaín; se saca del cuerpo la punta de la lanza que le había hincado Druas al chocar con él; se venda y se aprieta lo más que puede, pues teme perder demasiada sangre; después, toma una lanza que había apoyada en un árbol y se aleja de la colina. Cuando la doncella ve que se marcha, va tras él gritando y mostrando, turbada, tal dolor que por poco no pierde el sentido: «¿A dónde vas —le pregunta—, tú que has matado a mi señor? Que nuestro Señor Dios no quiera que puedas marcharte hoy de aquí sin ser matado o vencido».