Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Le rogó tanto que mi señora me otorgó a él, a pesar mío. Después de esposarme, me quiso mucho al principio, pero no tardó en humillarme e insultarme con malas palabras. Si por casualidad acudía algún caballero a nuestra casa y yo lo miraba, decía que me había enamorado de él: cayó en tales celos que desconfiaba de todo el mundo, de forma que apenas hace un año, mi señor Lanzarote del Lago se alojó en nuestra casa; cuando mi marido supo quién era, le mostró el mejor semblante que pudo, porque había oído hablar mucho de su valentía. Estábamos sentados a cenar y yo empecé a contemplarlo por su gran belleza y por las virtudes que había oído de él; luego, mi marido me dijo, como a quien todo hacía enloquecer:
—Señora, mucho habéis mirado esta noche a mi señor Lanzarote. Por Dios, decidme qué os ha parecido.
—Señor, no os lo diré, pues os lo tomaréis a mal.
—No lo haré, estad segura.
Tanto me acosó, que le contesté enfadada:
—Señor, ya que deseáis oír lo que me preguntáis con insistencia, os lo diré a condición de que me aseguréis que no recibiré daño alguno.
Así me lo prometió; yo estaba muy enfadada porque me vigilaba de cerca, y le dije:
—Señor, ¿queréis que os diga lo que pienso de ese caballero?