Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Se marcha el rey a la sala y hace poner las mesas; entonces empezaron a llegar a la habitación de la reina damas y doncellas, muy contentas porque la veían mejorada; le mostraron muy buena cara y la consolaban todo lo que podían. Pero por más que se esforzaban y por todo lo que le decían, la reina no podía tener alegría en su corazón, pues no sabe si vive aquel de quien procede toda su alegría. Ese día estuvo la reina más contenta de lo habitual y mandó buscar el caballo más rápido y mejor que pudieran encontrar, hizo que lo prepararan con un rico freno y con unas jamugas que eran dignas de ver.
El día siguiente por la mañana, tan pronto como amaneció, se levantó la reina, y le dijo a la doncella que ya era hora de ponerse en marcha y de ir al asunto, y que Dios la condujera. Ésta se viste y prepara; la reina le regaló un vestido nuevo de seda roja, una cota y un manto: todo ello era para cabalgar; hizo que en un baúl le pusieran otro más rico que vestiría en las ricas cortes a las que fuera y le entrega un enano, buen hablador, que sabe muchas lenguas, para que le dé compañía y un escudero valiente y noble para que vaya tranquila. Después, le ordena que cuando llegue cerca del lago no los lleve, sino que los deje en el Monasterio Real, y la doncella le contesta que así lo hará, sin error posible.