Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago La doncella se marcha y Héctor cabalga hacia donde le había indicado; no se detiene hasta que llega a la colina, en la que encontró una torre alta y fuerte, rodeada de murallas buenas y elevadas, que tenía a menos de un tiro de arco de la puerta una fuente que manaba por un caño de plata y caía sobre una piedra de mármol y de la piedra iba a una pila de plomo, que era del tamaño de un tonel. Junto a la fuente había tres pinos, uno al lado del otro, que eran tan grandes y tan altos que la fuente quedaba cubierta por las ramas y las hojas; de ellos colgaban por el tiracol hasta cuarenta escudos, sesenta yelmos y sesenta espadas. Contemplaba los yelmos, los escudos y las espadas y se preguntaba admirado por qué los han puesto allí; luego, se fija en los escudos y reconoce el de Aglován, el de Saigremor el Desmesurado, el de Keu el senescal, y el de Gasoaín de Estragot y el de Brandeliz, pero no conoce los demás. Va detrás de la fuente y encuentra unas letras escritas que dicen: «Éstos son los nombres de los que están prisioneros aquí; ésas son sus armaduras». Empieza a leer y encuentra que continúa: «El vigésimo cuarto año después de la coronación del rey Arturo, Teriquam del Bosque ha vencido a todos los caballeros cuyos nombres están escritos aquí». Empieza a leer los nombres y reconoce a muchos, y a otros muchos no los conoce porque habían llegado de tierras lejanas: encuentra hasta veinticuatro caballeros de la casa del rey Arturo, y faltaban los cinco que eran compañeros en la búsqueda y Lionel. Al ver el cartel, se queda más sorprendido que de ninguna cosa de cuantas ha visto; no cree que sea verdad que un solo caballero pueda vencer a tantos hombres valientes, si no es mediante traición.