Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Entonces llegan los servidores y colocan los manteles en las mesas; se sientan unos y otros sin que nadie dijera una palabra, ni fuera llamado. Lanzarote se queda sorprendido y hace lo mismo que los demás, sentándose ante el rey; ve que todos están rezando y él también lo hace. No tardó mucho en ver salir de una habitación a una doncella, a la que mi señor Galván había contemplado largo rato, hermosa y elegante en todo, que el mismo Lanzarote decía que nunca había visto mujer de tan gran belleza, sino la misma reina y piensa que tenía razón la dama que allí lo había llevado. Contempla el recipiente que la doncella llevaba en las manos, pues le parece el más rico de cuantos ha visto cualquier mortal, y tenía forma de cáliz: le parece, y así lo cree, que debe ser algo sagrado y digno; junta las manos y se inclina ante él con piedad. Según iba pasando la dama por delante del estrado, se van arrodillando ante el sagrado recipiente y él mismo lo hace también. Al punto, las mesas se llenaron de los mejores manjares que se podrían contar y el salón se llenó de tan buenos aromas como si todas las especias del mundo se hubieran esparcido por allí.
Después de pasar una vez por el estrado, la doncella regresa a la habitación de la que había salido. Entonces, el rey Pelés le dice a Lanzarote: