Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Se alejan el uno del otro, se colocan los escudos ante el pecho, bajan las lanzas y dejan correr los caballos fuertes y rápidos, golpeándose con tal violencia que saltan astillas. Chocan con los cuerpos y los escudos, y ambos quedan aturdidos en el cerebro de la cabeza, cayendo al suelo los dos por encima de la grupa de sus caballos, tan ofuscados que no pueden decidir nada. Se vuelven a poner en pie lo más rápido que pueden y desenvainan las cortantes espadas, dándose grandes golpes en los escudos y en los yelmos, hiriéndose en donde pueden y haciendo brotar, con las espadas, la roja sangre de la carne. El primer ataque dura tanto que se cansan y agotan. Mi señor Yvaín piensa que no va a poder escapar sin morir, pues tiene siete heridas, de las cuales, la más pequeña, es bastante peligrosa, y su enemigo es tan fuerte y tan resistente que cree que siete caballeros juntos no tendrían el vigor y la fuerza que tiene éste, y se da cuenta de que está en peligro de muerte y en situación de ser arrastrado a un combate a ultranza, si no consigue establecer las paces entre ellos dos.
Retroceden para recobrar aliento, pues el primer choque había durado mucho; el caballero estaba mirando su espada, completamente roja por la sangre de mi señor Yvaín, y la limpia con la falda de su cota de mallas. Mi señor Yvaín le dirige la palabra, diciéndole: