Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Os voy a decir otra cosa que haréis por mÃ, pues veo que no tenéis muchas ganas de darme un beso. ¿Veis aquellos pabellones de allÃ? —le indica tres pabellones plantados en un campo, que él distingue sin dificultad—. Si queréis entregarme un yelmo y una espada que os voy a enseñar y si me tiráis al suelo un escudo que hay bajo un yelmo delante de los pabellones, os consideraré libre de vuestra promesa.
Le contesta que lo hará con mucho gusto, pase lo que pase a continuación.
—Seguidme, pues.
—Id y os seguiré.
—Por Dios —dice el enano—, noble caballero, no la creáis, pues es la mujer más traidora que habéis visto. Tened misericordia de los de esta tierra, que serán destruidos si hacéis lo que os manda. Nunca, por más poder que tengáis, podréis reparar la décima parte del daño que recibirán y vos mismo moriréis.
Mi señor YvaÃn no contesta una palabra a lo que le dice, sino que cabalga muy deprisa tras la vieja, hasta que llegan a los pabellones y allà encuentra bajo la cama un yelmo muy rico y una espada muy hermosa.
—¿Es esto lo que decÃais?
—Señor, no os pido más.
Mi señor YvaÃn le entrega el yelmo y la espada, ella los toma y él le pregunta si queda libre.
—No, hasta que hayáis tirado el escudo.