Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Cuando mi señor Yvaín oye que se lamentan de esta forma siente una gran compasión y se arrepiente de lo que ha hecho, pensando que ha obrado mal, pero no sabe en qué; vuelve y se dirige a las doncellas, diciéndoles que les reparará todo lo que ha hecho mal.
—Señor —le contesta una—, jamás podréis repararlo, pues el daño ha sido demasiado grande: habéis cometido pecado mortal al producirles el dolor a las doncellas de esta tierra, que no os habían hecho ningún daño. Que Dios os dé vuestro merecido.
Lo siente tanto que casi pierde la razón y le dice a la que estaba hablando con él:
—Doncella, decidme en qué os he dañado tanto.
—Lo sabréis antes de lo que pensáis; hasta entonces, os digo que moriréis por lo que habéis hecho, si no huís.
Mi señor Yvaín contesta que no se moverá y que esperará a ver si alguien acude a decirle algo. Mira y ve que a pesar de todo no dejan sus lamentaciones, y siente haber cumplido las órdenes de la vieja.
Espera hasta el atardecer y como no ve que venga nadie, se ata el yelmo y monta a caballo, decidido a irse, pues no quiere permanecer con aquella gente. Monta y encomienda a las doncellas a Dios, pero no le contestan. Cuando ya sale, le gritan:
—Señor caballero, marchaos con mala vergüenza.