Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Luego, se sientan en un prado y empiezan a hablar de muchas cosas, y el ermitaño le preguntó por Lanzarote. Boores le contesta que cree que está sano y salvo.
—Buen señor —le dice el ermitaño—, ¿qué os parece como caballero? ¿Es muy alabado por las proezas que realiza?
—Señor, mi señor Lanzarote es señor mío y primo mío, y no os voy a decir ni verdad ni mentira; si os lo alabara, pensaríais que es para enaltecerlo y si os lo criticara, me tendríais por mentiroso, pues nadie podría criticarlo con razón.
—Os diré por qué os lo he preguntado. Al nacer, yo estaba en casa del rey Ban, y era caballero novel, pues no hacía ni cuatro meses que había tomado las armas; el rey, que era muy prudente, me encomendó a mí y a otros diez caballeros que lo lleváramos a bautizar a un ermitaño, hombre de vida muy santa, que vivía en un bosque cercano a Trebe. Fuimos y nos encontramos con el ermitaño a un hombre muy viejo que era clérigo y filósofo muy sabio, conocedor de las cosas que iban a ocurrir. Después de bautizar al niño, pidió verlo y se lo presentamos; lo tomó en brazos y empezó a besarlo con gran ternura; luego nos lo devolvió, diciendo:
—Buenos señores, ¿sabéis lo que os entrego?
—No.