Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Bien se probaron entonces las grandes maravillas de su valor, que en muchos sitios ya habían sido manifiestas, pues cortaba caballeros y caballos, cabezas y brazos, lanzas y escudos y derriba caballeros a diestro y siniestro y en poco rato realiza tales hazañas que los que antes iban persiguiendo ahora se han detenido por él y han dejado de hacerlo por contemplar y ver las proezas que realiza delante de los de la Mesa Redonda. Mete siempre a su caballo en los mayores tumultos y avanza golpeando y dando tajos, derribando hombres y caballos y matando a los que alcanza como si fuera el más admirable de todos; lleva a cabo tales proezas que todos los que lo ven lo temen, pues según creen nunca vieron un hombre de su valor. Se dan a la fuga ante él los locos y los prudentes; el caballo que monta era según deseaba, y eso le ayuda mucho, no se detiene en ningún lugar, sino que se mete por todas partes y consigue que nadie le escape, ni por detrás ni por delante, y se dirige a donde ve más abundantes caballeros de la Mesa Redonda, los reconoce sin dificultad, pues todos llevaban la misma enseña, y se mete entre ellos. Empieza entonces a repartir grandes golpes y a llevar a unos por un lado y a otros por otro. Es como el lobo que en ayunas y hambriento entra en el prado y mata a diestro y siniestro los animales que encuentra en él, devorando con dolor, de modo que tras él no queda nada: así lo hace Lanzarote, pues tan pronto como se mete entre ellos golpea y mata a cuantos alcanza. Y está en todos los lugares como el estandarte, su escudo está presente a todos, su yelmo aparece arriba y abajo, su espada es vista por todos: a los que lo miran le parece que todos los que lo siguen son iguales, pues creen que sólo lo ven a él, ahora aquí, ahora allá, ahora cerca, ahora lejos; lo temen tanto que no osan esperarlo, por más numerosos que sean y le abren camino los más valientes de la corte, que hace un momento pensaban haber vencido en el torneo.