Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Lanzarote, que había entrado en el bosque, cabalga durante todo el día sin beber ni comer, junto a sus compañeros, y sin encontrar ninguna aventura que deba ser contada. Por la noche durmieron en casa de un guardabosques que les dio buen alojamiento, pues eran hombres de grandes méritos. A la mañana siguiente, apenas vieron el día, se pusieron en marcha; reemprendieron el camino igual que antes. Salieron del bosque a mediodía, y vieron delante de ellos, no demasiado lejos, una torre construida en un lugar muy bueno, que se llamaba Castillo de la Blanca Espina; se dirigen hacia allí y entran atravesando un puente de madera; oyen en la parte de la fortaleza un gran ruido, aunque no saben qué es. Se dirigen hacia donde oyen los gritos, deseosos de saber qué ocurría; después de avanzar un poco ven a un hombre que va en calzas, por medio de la calle, montado en un mal rocín flaco; el hombre llevaba atados los pies con una cuerda y tras él iban más de cien granujas que le voceaban y gritaban arrojándole estiércol, lodo y basura; lo llevaban de tal forma, que apenas se le podían ver ya los ojos y la boca. Se acercaron y lo contemplaron; Gueheriet lo mira y reconoce a Mordret, el más joven de sus hermanos, y lo siente más que nada; va a los que le golpeaban y le quita a uno de los villanos una gran hacha que llevaba, le entrega a Boores la lanza para que se la lleve y empieza a dar grandes golpes con el hacha a los que golpeaban a su hermano; los derriba y mata en la calle, como si fueran ovejas. Cuando lo ven actuar de este modo, los malvados se dan a la fuga hacia la fortaleza principal, encontrándose delante de la puerta del castillo a su señor, que se llamaba Mataín el Felón. Al verlos llegar ensangrentados unos, heridos otros, les pregunta quién lo ha hecho.