Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Levanta la espada, se coloca el escudo delante de la cabeza y se acerca a él a grandes zancadas, dándole en medio del yelmo un golpe tan grande que hace que vuele al suelo; pero el caballero se vuelve a poner en pie rápidamente, como hombre ágil y veloz, aunque ya estaba muy debilitado por la sangre que habÃa entregado en abundancia, pues estaba tan gravemente herido, que cualquier otro habrÃa perdido la vida; pero él tenÃa gran corazón. MantenÃa la espada fuera de la vaina y daba grandes golpes a Lanzarote donde podÃa encontrarlo, pero esto no ocurrÃa con frecuencia, pues Lanzarote se esforzaba en hacerle fallar muchas veces. Dura el combate violento y largo, que no habrÃa nadie que lo viera que no tuviera por valientes a los dos, y era admirable cómo podÃan resistir tanto, pues ambos tenÃan por lo menos diez heridas en el cuerpo, la menor de las cuales harÃa morir a cualquier otro hombre. Ellos no las notan, pues tenÃan gran valor y se odiaban a muerte; se golpean uno a otro como si fueran de hierro, y han batido tanto las cotas de malla en la parte de las caderas, en los brazos y en el costado, que ya no valen nada, pues están rotas, y si los combatientes siguieran dando tan grandes golpes como antes, se causarÃan la muerte, pues estaban desarmados. Pero se encuentran cansados y fatigados, hasta el punto de que las espadas se les vuelven en la mano cuando intentan golpear. El gran caballero se encuentra tan mal por el cansancio y por la sangre que ha perdido, y por las heridas que Lanzarote le ha hecho, que apenas puede mantenerse en pie, ya que la espada de Lanzarote era de gran calidad. Lanzarote aún no estaba tan cansado como para no seguir siendo ágil y diestro por encima de cualquiera que hubiera realizado un esfuerzo como él; acosa al caballero con la espada cortante, dándole grandes golpes con frecuencia y a menudo hasta que éste ya no puede resistir por el miedo que siente y empieza a retroceder gracias a los golpes que ha dado y recibido, que a cualquier otro le hubieran hecho morir hacÃa ya un rato.