Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago La doncella va por delante y Lanzarote la sigue a alguna distancia; la joven cabalga hasta que llega a una torre fuerte y alta que estaba construida sobre un terreno pantanoso. El caballero estaba delante de la puerta a caballo, completamente armado; cuando vio a la doncella, decidió quitarle el palafrén: la sujeta por los brazos y la tira al suelo. Esta empieza a gritar: «¡Ayuda, ayuda!». Se pone en pie y sujeta el caballo por el freno, diciéndole que no se lo llevará. Lanzarote, que no estaba muy lejos, vio cómo la había derribado; lo siente mucho, y picando espuelas acude tan deprisa como puede su caballo, a la vez que le dice al caballero que se dé por muerto. Entonces sintió miedo y quiso darse a la fuga, pero no pudo, pues Lanzarote fue a él con rapidez, golpeándole de tal forma que ni el escudo ni la cota pudieron proteger ni impedir que le metiera el hierro y la madera de la lanza en el cuerpo; lo derriba al suelo, boca arriba, y cuando saca la lanza se desmaya, acosado por la angustia de la muerte. Lanzarote desmonta y le arranca el yelmo de la cabeza, diciendo que lo matará si no se da por vencido. El caballero está tan angustiado que no puede ni contestar, y Lanzarote, que no tiene intención de permanecer más tiempo allí, le da tal golpe que lo derriba muerto en el suelo. Hace que la doncella vuelva a montar en el palafrén y él toma su caballo y se marcha del lugar. La muchacha le ruega que vaya a albergarse con ella, «y así lo debéis hacer, porque ya es tarde y es hora de tomar alojamiento; si os marcháis de aquí no creo que encontréis ningún sitio donde alojaros, y por eso lo mejor, según creo, es que vengáis conmigo». Lanzarote se lo concede y la doncella se pone muy contenta; lo lleva por el bosque durante una legua, hasta que llegaron a un refugio que había a la salida del bosque, y allí descabalgaron.