Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Lanzarote se la lleva y se la entrega en las manos; cuando el ermitaño la tiene, la besa con dulzura y le dice a Lanzarote:
—Señor, id a la tumba por si la podéis levantar, y si Dios quiere que la levantéis, encontraréis dentro el cuerpo al que perteneció esta cabeza.
Lanzarote se dirige a la tumba y ve que ya no sale ni una gota de sangre; coge la losa por el extremo más grueso, la levanta y la coloca a un lado, viendo dentro el cuerpo sin cabeza y junto al cuerpo una copa de oro muy rica; el cuerpo estaba completamente descalzo y tenía las manos y los miembros tan hermosos como si acabara de abandonar la vida.
Al ver el cuerpo sin cabeza, Lanzarote está seguro de que es el de su abuelo: siente gran compasión y querría saber, si pudiera ser, por qué fue matado; como no sabe qué hacer, no quiere moverlo y lo deja en el suelo dirigiéndose al ermitaño que había regresado a la casa dejando la puerta abierta. Lanzarote entra y ve al santo hombre que está de rodillas ante el altar, con la cabeza inclinada; Lanzarote lo llama y le pregunta:
—Señor, ¿qué puedo hacer con el cuerpo que he encontrado bajo la tumba?
El ermitaño se levanta y le pregunta si ha levantado la losa.
—Sí.
—Decidme quién sois.