Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Doncella, habéis venido como mensajera a esta tierra y como nadie puede saber si habéis venido para nuestro bien o para nuestro mal, queremos ver las cartas que lleváis; os ruego que las entreguéis por las buenas antes de que se os obligue a ello.
—Señor, no llevo cartas ni buenas ni malas. Si las llevara, fueran como fueran, ¿acaso el rey Claudás os ha ordenado que me las quitéis contra mi voluntad? ¿Es tan cortés?
—Doncella —le dice el senescal—, si queréis, las veré; si no queréis, también las veré; si por las buenas no las queréis entregar, ordenaré que os registren a vos y a toda vuestra compañÃa hasta que las encuentre. Entonces las veremos a pesar vuestro.
—Señor, podréis obligarme si queréis mientras esté en vuestra corte; pero si Dios me saca de aquÃ, no conseguiréis hacer nada que no paguéis caro, si Dios me otorga la fuerza de toda mi familia. Ahora estoy en una tierra lejana con un séquito pequeño, pero no por eso dejo de pertenecer a una familia de reyes y de reinas y de gentes más poderosas y nobles que el rey Claudás, de quienes sois vasallos todos vosotros.
—Todo lo que decÃs de nada sirve. Tenéis que enseñar las cartas que lleváis.
—Ciertamente no llevo ninguna.
Llama el senescal entonces a dos servidores y les dice: