Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago De esta forma contestó mi señor Galván a su huésped y le dijo tales palabras que éste no pensaría que fueran hombres tan importantes como eran. A pesar de todo, no dejó de servirles en todo lo que pudo. Llegada la hora de acostarse, prepararon las camas por las habitaciones y se acostaron los compañeros, durmiendo hasta la mañana. El día siguiente por la mañana, cuando salió el sol, se levantaron los compañeros y fueron a oír misa a una ermita que había cerca de allí, fuera del castillo. Después, regresaron al castillo, pues ya era hora de comer. Iban a comer, cuando mi señor Galván se acercó a una ventana y miró a los caballeros que pasaban y volvían a pasar por la calle, y mientras estaba allí, escuchó y oyó por la parte del bosque que se elevaba un gran griterío. Se sobresalta, pues teme que haya una pelea y tiene miedo de que esté alguno de sus compañeros allí. Entonces le pregunta a Héctor:
—¿Creéis que alguno de nuestros compañeros estará allí?
—¿Por qué lo preguntáis?
—Porque acabo de oír un tremendo griterío por la parte de la torre, que sin lugar a dudas se debe a algún enfrentamiento, y temo que alguno de nuestros compañeros esté allí.
—No hay nadie de los nuestros.