Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Hacedlo vos, Mordret, que los habéis ganado. Por mi cabeza, es ésta una de las proezas mayores que he visto hacer a cualquier caballero de vuestra edad: mi señor Galván bien puede decir que no habéis faltado al linaje; bien le parecéis en el valor.
Mordret se calla cuando Lanzarote lo alaba y luego le pregunta qué va a hacer con los caballos.
—Quitadles el freno —le contesta Lanzarote— y dejadlos ir por donde deseen, pues no quiero que vuelvan a hacerle ningún servicio a estos caballeros.
Mordret lo hace tal como le ordena y golpea a los caballos con los frenos y éstos se escapan por el bosque.
Luego, los dos compañeros cabalgan muy deprisa hasta el atardecer, en que se alojaron en casa de un vasallo que les hizo honores en todo lo que pudo cuando supo que eran compañeros de la Mesa Redonda. Después de cenar, el señor los llevó para que se entretuvieran en un prado; se sentaron y les preguntó que a dónde iban.
—Señor —contesta Lanzarote—, a la corte del rey Arturo, pues hace tanto tiempo que no hemos estado allí, que nos gustaría estar: hacia la corte nos tira el corazón más que hacia ningún otro sitio.
—¿Cómo, no vais a estar mañana en el torneo que tendrá lugar delante del Castillo de Penigue, al que acudirán todos los reyes, condes y altos hombres de esta tierra y de otras tierras?