Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Héctor piensa entonces que puede tener razón.
—Por mi fe —le contesta—, pienso que es él mismo, pero mal me ha demostrado que es mi hermano, a juzgar por los grandes golpes que me ha dado.
—Estoy seguro —contesta Boores— de que no os ha reconocido. Ahora tendréis que tener cuidado, cuando abandone el torneo, para saber hacia dónde se dirige, pues si al final lo perdemos nos habremos esforzado en vano.
De esta forma hablan los dos compañeros. Lanzarote no descansa hasta que consigue que Mordret se ate el yelmo en la cabeza entre todo el tumulto y le dice que le siga y que no lo deje de ninguna forma.
—Os lo recomiendo porque si os alejáis de mà temo que os prendan sin que yo me entere: si estáis cerca de mà no tendréis que preocuparos de que os apresen, mientras yo tenga salud.
Mordret le contesta que no lo dejará.
—¿Qué ha sido de nuestros escuderos, los hijos del buen hombre que nos dio alojamiento ayer?
—¿Cómo, señor? ¿Creéis que os pueden seguir en medio de este barullo? Por Dios, tendrÃan que ser muy valientes para poder seguiros durante todo el dÃa en el torneo, pues vos entráis donde hay más combatientes con tanta ligereza como si no os costara nada.