Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Por la mañana, tan pronto como apareció el día, se levantó Boores y tomó las armas; montó a caballo y se marchó de allí con dificultad, pues de mala gana le dieron licencia los hermanos y la hermana, porque Dios los había dejado libres gracias a su valor y les hubiera agradado que se quedara mucho tiempo con ellos, pero no pudo ser. Al marcharse de allí pensó que no se alejaría del bosque, sino que iría buscando por si encontraba a su señor, pues cree que él también lo debe estar buscando: hacía rato que lo estaba haciendo Lanzarote también, sin duda. Se buscaron el uno al otro durante todo el día, pero no pudieron encontrarse.
Cuando anocheció, Boores acudió a casa de un ermitaño y se alojó en ella. Después de cenar tan bien como le pudieron dar, le preguntó el santo hombre de dónde era y él dijo que de la casa del rey Arturo.
—¿Qué buscáis en este bosque?
—Busco a Lanzarote, al que dejé aquí y por eso pensaba que lo encontraría.
—¿Qué armas lleva?
—Señor, rojas.
—Os digo que lo vi pasar anoche por aquí delante, alrededor de la hora de nona; perseguía a un caballero con armas negras.
—¿Y sabéis qué fue de él?