Historia de Lanzarote del Lago

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Al oír estas palabras, Boores no siente un miedo pequeño, pues bien piensa que le dicen verdad: retrocede y vuelve a la cama en la que había estado sentado, pero no consigue ver nada. A pesar de todo, se siente sano y curado de la herida que le había causado la lanza flameante; va por todas partes buscando la cama, pero no consigue encontrarla. Al darse cuenta de que no la encontrará, se sienta en el suelo, cansado de buscar lo que no puede hallar. De esta forma permaneció Boores allí hasta que llegó el día, preocupado por haber perdido la vista para siempre jamás. Si mi señor Galván oyó en otra ocasión grandes cantos y grandes melodías de voces que cantaban las alabanzas de Nuestro Señor, mayor fue la alegría de esta noche y Boores se puso muy contento por haber ido. Permaneció durante toda la noche despierto, sin dormir ni descansar; estaba muy asustado de que Nuestro Señor se hubiera enfadado con él. Cuando empezó a amanecer y el día se extendió a través de las cristaleras abundantes y Boores vio la claridad, se puso muy contento, pues no tuvo nunca tan gran alegría como la de entonces.

En ese momento entró el rey Pelés con su hermosa hija y numerosos caballeros. Al ver a Boores sano y salvo, le muestran una gran alegría. El rey le dice:



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