Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Por mi fe, señor, un día que me levanté temprano, tomé las armas de mi señor Keu por las mías y cabalgué hasta un puente en el que encontré cuatro caballeros armados que lo guardaban; pensaban que yo era Keu el senescal y tuve que combatir contra ellos. Después de derribarlos, uno de ellos me tuvo que prometer que vendría a rendirse aquí de parte de Keu el senescal, y yo me marché y me encontré en un valle a cuatro caballeros armados, uno de los cuales me atacó dispuesto a combatir, luché con él y lo derribé. Luego vinieron el segundo, y el tercero y también los derribé; después me atacó el cuarto y también lo derribé. Cuando iba a irme, como quien ya no tenía nada más que hacer, me dijo el primero con el que había luchado: «Señor caballero, no sé quién sois, pero cuando lleguéis a vuestro país podréis decir que habéis derribado con una misma lanza a mi señor Galván, a Héctor de Mares, a mi señor Yvaín y a Saigremor el Desmesurado». Al oír esto, lo sentí y me pesó tanto que arrojé mi escudo y mi lanza y me marché tan rápidamente como pudo mi caballo, de modo que llegué a la hora de vísperas a un pabellón en el que encontré a una doncella que me alojó con mucho gusto; antes de que me marchara, llegó la hija del rey Brandegorre, con gran acompañamiento de caballeros, y me mostró un niño pequeño, la criatura más hermosa de cuantas he visto, y me hizo saber por detalles adecuados y por el mismo rostro del niño, que Boores lo había engendrado: nunca vi a nadie que se pareciera tanto como ellos dos; y ya que haría mal si no dijera el mensaje que la doncella me encargó, le digo a Boores, ante todos los presentes, que ella se queja porque él le prometió, cuando se alejó de allí, que iría a verla en el plazo de un año; ha transcurrido ya y no ha regresado. Ésas son las aventuras que me han ocurrido desde que me marché. Que hablen ahora los otros, pues yo guardaré silencio a partir de ahora.