Historia de Lanzarote del Lago

Historia de Lanzarote del Lago

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—Señor, cuando me marché de aquí y entré en la búsqueda de Lanzarote, cabalgué durante muchos días sin encontrar ninguna aventura que merezca ser contada, hasta que llegué al Castillo del Paso el día de la fiesta de Todos los Santos, cuando tenían que reunirse los compañeros de nuestra búsqueda. Llegaron tan a punto que, de todos, sólo faltaron Lanzarote y Boores. Si Dios los hubiera hecho llegar ese día, hubiera terminado nuestra búsqueda y hubiéramos regresado todos juntos a la corte; pero como no se presentaron, tuvimos que reemprender la búsqueda y fijamos un plazo para volver allí mismo, y nos separamos unos de otros. Cabalgué durante muchas jornadas según me llevaba la aventura en busca de noticias de Lanzarote y llegué a la Isla de las Maravillas, donde mi hermano Mordret estaba prisionero; combatí contra un caballero de la isla, que me hubiera matado, o yo a él, si no hubiera sido por la doncella de la torre que puso paz entre nosotros; me llevé a Mordret quisieran los de la isla o no. En esa isla encontré la cama de Merlín en la que no se acuesta nadie sin perder el sentido y la memoria, pues es un lugar encantado; en cuanto sale de la cama, recupera sus cualidades. En esa isla hay tales maravillas que nadie podría creerlas sin ir a ella, pues allí se reúne toda la fuerza de los encantadores del mundo y se pueden ver tales cosas que si el mejor caballero del mundo va allí, encontrará a alguien comparable a él y no habrá aventura que desee que no pueda encontrar allí. En la isla encontré la espada venturosa que nadie, por grande que tenga la mano, puede empuñar de forma adecuada; un ermitaño, caballero, me dijo que esa espada me causaría la muerte y me mataría el hombre que más me quiere sin ser pariente mío y que sería por culpa de mi hermano Mordret. Cuando me marché de la isla, cabalgué durante muchas jornadas según me llevaba la aventura y me encontré con Héctor de Mares en la prisión del rey Elián, al que vencí por las armas, y dejé libre a Héctor. Cuando dejé a Héctor, el cuarto día, fui al Bosque Peligroso, donde encontré a Hasart, el senescal del rey de la Desierta Tierra Devastada, que había sido acusado de la muerte del hijo del rey. Al oír hablar al senescal, sentí tan gran compasión que me ofrecí a combatir por él. Gueheriet, mi hermano, tomó las armas contra mí, sin que nos reconociéramos; combatimos hasta que casi nos matamos, pero lo reconocí por la espada que llevaba y por eso hicimos la paz, afligidos y pesarosos porque nos habíamos herido el uno al otro. Cuando dejé a Gueheriet, cabalgué, herido como estaba, hasta que llegué a la Colina Prohibida, y allí oí noticias de que en la cima había un caballero frente al que nadie podía resistir con las armas; pregunté quién era y me dijeron que no se sabía su nombre; me encontré entonces con Keu el senescal, que me prohibió que fuera; a pesar de todo subí y encontré arriba a Boores, contra el que combatí mientras pude resistirle y lo hice con todas mis fuerzas. No nos reconocimos. Después de combatir durante largo rato con él, ya no podía mantenerme en pie por la cantidad de sangre que había perdido, mi yelmo estaba despedazado, mi cota con todas las mallas rotas y yo tan cansado que no podía sostener la espada; entonces Boores me atacó, me arrancó el yelmo de la cabeza y dijo que me mataría si no me daba por vencido. Dije que no me daría por vencido, y al oír esto ordenó a sus servidores que me prendieran y me metieran en prisión. No pasó mucho tiempo hasta que varios compañeros de la búsqueda llegaron a la misma colina y combatieron contra Boores, que los venció a todos, de forma que catorce éramos los compañeros prisioneros, que no hubiéramos salido nunca de no ser porque la aventura llevó allí a Lanzarote; realizó tales proezas que nos dimos cuenta de que llevaba lo mejor del combate; pero se reconocieron e hicieron las paces, de forma que nosotros quedamos libres todos. Después de que me marché de la Colina Prohibida, no encontré ninguna aventura que merezca ser recordada; me callaré ahora, pues ya os he contado las aventuras que me ocurrieron desde que me marché de aquí.


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