Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Por la mañana, cuando amaneció, la doncella se levantó y despertó a su mesnada, diciendo que dispusieran los arneses, pues se irían de inmediato, tan pronto como se despidiera del rey; le contestaron que todo estaba dispuesto. Va al rey, lo saluda y le pide licencia, pues quiere regresar a su país. El rey le ruega que se quede todavía, pero ella no acepta. Al ver que no va a seguir allí, monta con un gran séquito de caballeros y la acompaña hasta el bosque de Camalot, la encomienda a Dios y regresa. La doncella llama entonces a Boores y le dice que quiere hablar con él a solas. Se retira lejos de los demás y la joven le cuenta lo que le había ocurrido a ella y a Lanzarote y cómo la reina los sorprendió juntos, cómo lo despidió y cómo se marchó en calzas y en camisa sin más vestidura, y descalzo, «y os aseguro que si no vais a buscarlo pronto, y no recibe consuelo por vos o por algún otro, dado que ama a la reina por encima de todas las mujeres, pronto enfermará y no podrá ser fácilmente curado; será una gran pena, pues es buen caballero».
Cuando Boores oye esta noticia, no se siente a gusto, pues quería demasiado a Lanzarote, y le contesta:
—Doncella, ya que os tenéis que ir, os encomiendo a Dios. Sabed que ahora mismo emprenderé la búsqueda de mi señor y seguiré en ella de tal forma que no cejaré hasta que tenga noticias ciertas de él.