Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Después de cabalgar de esa forma, un día se encontró con Héctor a la salida de un bosque, en tal estado que sus armas valían poco, pues el escudo estaba destrozado, y sólo se veían en él golpes, y la cota de mallas estaba rota, el yelmo partido y deshecho; y no debía extrañar, pues había cabalgado durante dos años sin descansar apenas; iba pensando en que no veía nada que le consolara, pues no lograba tener noticias de su hermano y señor, por lo que estaba pesaroso y pensaba no volver a tener nunca alegría. Cuando se acercaron, no se conocieron, pues nunca se habían visto; embrazan los escudos y se disponen a combatir. Llevaban buenas lanzas y fuertes, y se golpean con la rapidez de los caballos, de tal forma que los escudos y las cotas no les protegen y sienten las puntas de las lanzas en las carnes desnudas, pero no se hacen ninguna herida de la que no puedan sanar rápidamente. Héctor, que combatía mejor que ningún otro caballero, derriba a Perceval por encima de la grupa del caballo, sigue de largo, descabalga y ata su caballo a un árbol. Mientras tanto, Perceval se había levantado dolorido por el choque, pues desde que había sido armado caballero no había encontrado a nadie que lograra hacerle vaciar la silla; desenvaina la espada, embraza el escudo y se dispone a mostrar el mayor valor posible, pues sabe que no es un muchacho el caballero con el que se ha encontrado; le ataca con la espada desenvainada. Héctor, que no era aprendiz en este oficio y que estaba acostumbrado desde la infancia, le da en el yelmo un tajo tan grande como puede con su brazo. Perceval sabía golpear bien con la espada y no estaba tan fatigado como Héctor: alza la hoja y le da cuatro golpes que hacen que Héctor se tenga por bien alcanzado cuando los recibe.