Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Es tan simple que estuvo luchando durante buen rato contra mi escudo. Cuando corrí a quitarle la espada, me golpeó en el yelmo con tanta fuerza que desde que soy caballero no me dio nadie semejante golpe: por eso estoy seguro de que ha sido buen caballero, de grandes hazañas y que si Dios le diera salud todavía seguiría siéndolo. Por eso os hice venir, para que me aconsejéis qué puedo hacer; quiero retenerlo conmigo hasta que se cure de alguna forma.
—Buen hermano, no sé qué deciros, pues quien quiera ocuparse de su salud, tendría que estar en un lugar tranquilo y lejos de la gente, donde no hubiera demasiada luz.
—Por Dios, si pudiéramos conseguir que viniera a mi fortaleza, le daría un sitio como el que decís. Pensemos en llevarlo, si puede ser.