Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Un día que hacía mucho frío, Bliant se levantó temprano, tomó las armas y montó a caballo y se fue de la casa, armado y dispuesto a ir al bosque que estaba cerca, para combatir o en busca de algún caballero de aquellas mismos tierras o de otro lugar; estaba acostumbrado a hacer eso como uno de los mejores caballeros de todo el país. Se había alejado un poco, cuando se encontró con dos caballeros, que eran hermanos y habían nacido en aquella misma tierra, que lo odiaban mortalmente. Al verlo a solas, le gritan que se dé por muerto y le atacan tan deprisa como podían ir sus caballos. Bliant, que era muy valiente y buen caballero, no huye, sino que espera. Los dos que le atacan le rompen las lanzas contra el pecho, sin causarle ningún daño, pero no pueden hacer que se mueva de la silla y él golpea a uno quebrando su lanza sin otros daños; pasan de largo y desenvainan las espadas, atacándose. Bliant se defiende, se cubre con el escudo y les da grandes golpes con frecuencia; pero los otros eran dos, buenos caballeros, y se ayudaban como hermanos con tanto valor que a la fuerza tuvo que abandonar el terreno o de lo contrario habría muerto inmediatamente; no debía sorprender que volviera la espalda, pues le habían herido en más de siete lugares y había perdido tanta sangre que estaba muy débil. Cuando lo ven que se da a la fuga, le gritan: «¡Cobarde, de nada os servirá que huyáis; vuestra fuga no os salvará de la muerte!». Lo persiguen mientras pueden, pero llevaba un caballo fuerte y rápido que lo sacó de sus manos y no lo pudieron coger: huyó de esta forma a su refugio, encontrando la puerta abierta y entrando a caballo como iba. Al entrar no encontró allí ningún servidor, ni nadie que pudiera ayudarle. Los otros, que le seguían de cerca para matarlo, entran tras él, que al verlo, descabalga y corre a una habitación en la que Lanzarote estaba acostado vestido. Los dos hermanos desmontan y van a la habitación, entrando tras el que seguían. Bliant, que ve que no puede salvarse, toma la espada y se dispone a defenderse, pues no quiere dejarse matar mientras pueda. Los otros están muy contentos al ver que no hay nadie que pueda ayudarle, y que son dos contra él: atacan con fuerza y él se defiende como puede, pero estaba tan mal por el otro encuentro que se sentía débil en su fuerza y teme que lo maten.