Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Lanzarote permanece allí y se acuesta en la cama; Bliant, que está muy contento por lo ocurrido, se desarma al ver que los dos hermanos se habían marchado y espera a que los servidores acudan, pues todavía no sabían nada de esto, y no dijo nada hasta que llegó la noche y regresó su hermano. Hizo que aquella noche Lanzarote cenara, pero cuando estaban sentados a la mesa, Celinans vio que el mantel estaba ensangrentado por la sangre que salía de la mano de Lanzarote, pues tenía la piel de los dedos desgarrada; se lo indica a Bliant y le dice:
—Mirad, buen hermano, cómo tiene vuestro huésped las manos destrozadas y sangran abundantemente. Gran pecado cometió el que lo ató con tanta fuerza.
—No me extraña que esté herido, pero me sorprende cómo pudo hacer lo que hizo, pues nunca vi a nadie que, estando enfermo, realizara tal hazaña como ha llevado a cabo él hoy. Os la voy a contar.
Entonces le cuenta cómo los dos hermanos le habían perseguido y le hubieran matado «de no ser por él, que para socorrerme rompió la argolla con la fuerza de sus manos y le quitó a uno de los caballeros la espada, y les hubiera dado muerte a los dos si no hubieran huido; así me rescató de la muerte en la que me encontraba, de no haber sido por la ayuda de su valor».
Cuando Celinans oye esto, se queda sorprendido y dice: