Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago El rey había enviado a un caballero a la hora de prima a la puerta, que se había tenido que volver sin conseguir nada. El Caballero Blanco volvió a entrar por el portillo falso y se dirigió al palacio, donde estaban esperándolo las dos doncellas. Al verlo llegar le dice la que le había dado los escudos:
—Señor, ¿he sido prisionera ya durante suficiente tiempo?
—Mí dulce amiga, todavía no; seguiréis aquí hasta que haya terminado con el asunto de mi señor Galván, y hasta que el rey entre: entonces vos y yo nos iremos juntos.
Al acabar de hablar se quita el escudo del cuello y se pone el de las dos bandas; después va al portero y le pregunta si el rey ha enviado a alguien para que le abran.
—Sí, desde la hora de prima.
—Cuando vuelva a venir uno, di que sólo le abrirás a Keu, el senescal.
Después, sale de nuevo del castillo, rodea la colina y se presenta ante el ejército del rey. Pasaba la hora de tercia. Los del castillo empiezan a gritar:
—¡Pasa de la hora, pasa de la hora!