Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Se pone en marcha y ellos van detrás. Entonces le pregunta al caballero cómo ha sido herido, y él se lo cuenta.
—Señor —dice el religioso—, os daré un consejo muy bueno, si queréis escucharme.
—Con mucho gusto lo haré.
—Os aconsejo y recomiendo que no cabalguéis nunca más los sábados después de la hora de nona, a no ser que sea por un asunto vuestro personal; si asà lo hacéis, os ocurrirán menos daños y más bienes.
Él le promete que nunca más lo volverá a hacer, si puede.
—Y vos, señor, ¿qué habÃais ido a hacer a tal hora en un lugar como en el que os encontramos?
—Señor, mis padres descansan allÃ, pues aquello es un cementerio, y yo voy todos los dÃas a rezar un Padrenuestro y las demás oraciones que sé, y a rogar por sus almas.
En esto, llegan a una casa de religión a la que pertenecÃa aquel hombre; fueron recibidos con gran alegrÃa, y el caballero se quedó allà diez dÃas enteros, a ruegos de los frailes; lo bañaron y le dieron las medicinas que necesitaba, pues estaba malherido.