Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Y todo lo que habéis hecho, ¿por quién lo habéis hecho?
—Por vos, señora.
—¿Cómo? ¿Tanto me amáis?
—Señora, no amo tanto ni a mí mismo, ni a cualquier otro.
—¿Desde cuándo me amáis así?
—Señora, desde el momento en que me llamasteis caballero sin serlo.
—Por la fe que me debéis, ¿de dónde procede tamo amor?
En ese momento, la dama del Puy de Malohaut tosió a caso hecho, y estiró la cabeza, que había mantenido inclinada. Él la oyó al punto y la reconoció, pues la había oído en otras muchas ocasiones. La mira y no le queda ninguna duda: sintió tal miedo y tal angustia en su corazón que no pudo responder a lo que la reina le preguntaba; empezó a suspirar profundamente y las lágrimas le brotaron de los ojos con tal abundancia que el jamete que llevaba puesto se le mojó hasta las rodillas. Cuanto más miraba a la dama de Malohaut, peor se encontraba su corazón. La reina se da cuenta de que contemplaba entristecido el lugar donde estaban las damas, e insiste:
—Decidme, ¿de dónde procede ese amor? Os estoy preguntando.
Se esfuerza en hablar y, al fin, responde: