Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —A fe mÃa, dije esas palabras en buena hora. Que Dios sea adorado, pues me hizo que las pronunciara. Sin embargo, yo no me las tomé tan en serio como vos; a muchos caballeros les he dicho lo mismo, sin pensar más que en las palabras. Vuestro pensamiento no se portó con villanÃa, sino que fue dulce y agradable, y habéis tenido suerte de convertiros en un caballero lleno de nobleza y valentÃa. Pero no es frecuente que los caballeros muestren a muchas damas grandes elogios, sin que ello les importe poco. Vuestro rostro me indica que amáis a una de aquellas damas más que a mÃ, pues habéis llorado de miedo al verla y no os atrevéis a mirar allà directamente: me doy cuenta de que vuestro pensamiento no está conmigo, en contra de lo que pretendéis aparentar. Por la fe que le debéis a lo que más queráis, decidme a cuál de las tres es a la que tanto amáis.
—Señora, por Dios, os juro que ninguna de las tres fue dueña de mi corazón en ningún momento.
—No es necesario que juréis, no lo podéis disimular: muchas veces he visto cosas semejantes y me doy cuenta de que vuestro corazón está allÃ, igual que vuestro cuerpo está aquÃ.
Esto lo hacÃa la reina para causarle malestar, pues no dudaba que no habÃa pensado en amar a otra más que a ella, como probaban las hazañas realizadas el dÃa de las armas negras; pero se divertÃa viendo y contemplando su malestar.