Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago La mañana siguiente, Héctor se levantó temprano; el criado, que ya estaba dispuesto, le ayudó a armarse; después, Héctor se despidió del padre del escudero y de su madre, que era una dama muy bella. Así se marcharon, guiados por el criado, que conocía muy bien el camino, pues lo había recorrido muchas veces; cabalgaron hasta llegar a la Landa hacia la hora de tercia.
—Señor —dice el escudero—, ésa es la Landa.
—Buen hermano, ya os podéis volver, pues me habéis dado compañía durante mucho tiempo; saludadme a vuestro padre y a vuestra madre, a quienes aprecio mucho, y a Guinas, vuestro señor.
—Señor, por Dios, si voy a algún sitio en que os necesite, por Dios, no me ignoréis.
—No lo haré, tenedlo por seguro.
—Señor, a Dios os encomiendo, y si quisierais que continuara con vos, lo haría con mucho gusto.
—Lo sé, pero id con Dios, pues ya no necesito más compañía que la de Dios.