La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial —Señor —dice Perceval—, me habéis dicho tantas cosas de la dama que sé bien que es el Campeón contra el que yo debÃa combatir.
—Por mi fe —dice el sabio hombre—, verdad dices ahora; mira cómo has luchado.
—Señor, muy mal, según me parece, pues hubiera sido vencido a no ser por la gracia del EspÃritu Santo, que no me dejó morir.
—Lo mismo que te ha socorrido ahora —dice el buen hombre—, procura guardarte de ahora en adelante, pues si vuelves a caer otra vez, no encontrarás quien te levante tan pronto.
Mucho rato habló el buen hombre a Perceval y mucho lo exhortó a hacer el bien y le dijo que Dios no lo olvidarÃa, sino que pronto le enviarÃa socorro. Entonces le preguntó cómo habÃa sido herido.
—Por mi fe —contestó—, hasta que vinisteis ante mà no sentà dolor ni mal mayor que si no hubiese tenido herida, y ahora, mientras me habláis, no lo noto, sino que me viene por vuestras palabras y por vuestra mirada una dulzura tan grande y un alivio tan profundo para mis miembros que no creo que seáis hombre terreno, sino espiritual, y en verdad sé que si permanecierais todo el dÃa conmigo, no tendrÃa hambre ni sed y, si lo osara decir, dirÃa que vos sois el pan vivo que desciende de los cielos del cual no come nadie dignamente que no viva vida eterna.