La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial Asà le hablaba el buen hombre a Lanzarote y de tal forma le retuvo tres dÃas junto a él. Lanzarote se consideraba muy feliz porque Dios le habÃa enviado a aquella parte, junto a aquel ermitaño que le habÃa enseñado tan bien que pensaba que por eso valdrÃa más que durante el resto de su vida.
Cuando llegó el cuarto dÃa, el anciano mandó a su hermano que le enviara armas y caballo para un caballero que habÃa estado con él. El hermano cumplió de buen gusto el deseo. Al quinto dÃa, después de que Lanzarote hubo oÃdo misa, se armó, montó sobre el caballo y se despidió del buen hombre llorando; le pidió por Dios que rogara por él, que Nuestro Señor no lo olvidase para que no volviera a caer en su primera desdicha. Aquél le prometió que asà lo harÃa y a continuación se separaron.
Después de dejar al anciano, cabalgó por medio del bosque hasta la hora de prima. Y entonces encontró a un vasallo, que le preguntó:
—Señor caballero, ¿de dónde sois?
—Soy de la casa del rey Arturo.
—¿Y cómo os llamáis? DecÃdmelo.
Respondió que se llamaba Lanzarote del Lago.
—Lanzarote —le dice—, ¡por Dios! No es a vos a quien iba buscando, pues vos sois uno de los caballeros más desdichados del mundo.
—Buen amigo, ¿cómo lo sabéis?