La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial —Bien lo sé —contesta el criado—, vos sois aquel que vio llegar ante sà el Santo Grial y hacer abiertamente un milagro y que no se conmovió con su venida, como si fuera un pagano.
—Ciertamente —dice Lanzarote—, yo lo vi y no me conmovÃ, y lo siento mucho.
—No es maravilla que lo sintáis —dice el criado—, pues ciertamente mostrasteis bien que no erais buen hombre ni verdadero caballero, sino que erais desleal y sin fe; y ya que no quisisteis hacer vos mismo el honor, no os asombréis si en esta Búsqueda en la que habéis entrado con otros buenos hombres encontráis vergüenza. ¡Malvado, desdichado! Debéis tener un gran dolor, pues solÃais ser considerado como el mejor caballero del mundo y ahora sois considerado el peor y el más desleal.
Cuando Lanzarote oye estas palabras no sabe qué decir, pues se siente culpable de lo que el criado le acusa y contesta:
—Buen amigo, dime lo que quieras, te escucharé, pues ningún caballero debe molestarse por nada que le diga un criado, a no ser que sea una gran afrenta.