La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial Mucho rato hablaron el buen ermitaño y Lanzarote. Cuando fue hora de comer, salieron de la capilla y se sentaron en la casa, comieron pan y bebieron cerveza. Después el buen hombre hizo que Lanzarote se acostara sobre la hierba, pues no había preparado otra cama. Se durmió bastante bien, porque estaba cansado y fatigado y no se preocupaba tanto por la gran comodidad del mundo como solía, pues si se hubiera preocupado no habría dormido, porque la tierra estaba demasiado dura y el sayal, que era áspero y basto, rozaba su carne, pero ya estaba tan acostumbrado a este sacrificio y a esta dureza que nada le agradaba y le apetecía tanto, por eso no le molesta nada.