La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial —Te diré cómo es —contesta el anciano—. En los pecados mortales el padre lleva su carga y el hijo la suya; el hijo no responderá de las inquietudes del padre ni el padre por las del hijo, pero cada uno, según haya servido, recibirá su premio y por eso tú no debes tener esperanzas en tu hijo, sino solamente en Dios, pues si le pides ayuda, Él te ayudará y te socorrerá en todas las necesidades.
—Ya que es asà —dice Lanzarote—, que nadie sino Jesucristo me puede valer y ayudar, le ruego que me ayude y auxilie y que no me deje caer en las manos del Enemigo y que yo le pueda devolver el tesoro que me pide, que es mi alma, el dÃa espantoso en que les dirá a los malos: «¡Marchaos de aquÃ, maldita gente! ¡Id al fuego eterno!», y dirá a los buenos las dulces palabras: «Venid, benditos de mi Padre, hijos benditos, entrad en la alegrÃa que ya no os faltará».