La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial —Señor —dice Lanzarote—, lo que me decÃs de que el buen caballero es mi hijo me causa gran admiración.
—No debes admirarte por ello —le responde el buen hombre—, ni maravillarte, pues sabes bien que conociste carnalmente a la hija del rey Pelés y allà engendraste a Galaz, te lo han dicho muchas veces. Y Galaz, a quien tú engendraste en aquella doncella, es el caballero que se sentó el dÃa de Pentecostés en el Asiento Peligroso y es el caballero al que buscas: te lo digo y te lo hago saber porque no querrÃa que te enfrentaras a él en batalla, pues tú le podrÃas hacer pecar mortalmente por ti y afrentar su cuerpo: si lucharas con él en batalla, debes saber que serÃas vencido inmediatamente, pues nadie consiguió vencerle.
—Señor —dice Lanzarote—, me agrada mucho lo que me habéis dicho, pues me parece que si Nuestro Señor ha permitido que tal fruto saliera de mÃ, aquel que es tan noble caballero no permitirá que su padre, quienquiera que sea, vaya a la perdición, sino que rogará a Nuestro Señor noche y dÃa para que, por su dulce piedad, me saque de la mala vida en la que tanto tiempo he vivido.