La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial »Después de hablar al mayor de los dos caballeros, y de decirle las palabras de las que también te acuerdas, y que debes considerar como si te hubieran sido dichas a ti y para ti, pues tú estabas representado en aquél a quien le fueron dichas, se acercó al joven caballero —descendiente tuyo, pues tú lo engendraste en la hija del rey Pescador— y lo convirtió en figura de león, es decir, que le puso en una forma que no es de hombre terreno, de manera que no se parecía a nadie ni en fiereza, ni en fuerza, y le dio alas para que ninguno fuera tan rápido ni tan veloz como él era y que nadie pudiera llegar tan alto ni en valor, ni en ninguna otra cosa, y le decía: “Buen hijo, ahora puedes ir por el mundo y volar sobre toda la caballería terrenal”, y aquél comenzaba inmediatamente a volar haciéndose sus alas tan grandes y maravillosas que todo el mundo quedaba cubierto por ellas. Todo lo que tú viste ya le ha sucedido a Galaz, el caballero que es hijo tuyo, pues es de tan alta vida que es digno de admiración y no hay nadie con su “caballería” ni que se le pueda parecer, ni siquiera tú, ni ninguno de los demás, y ya que es tan alto que nadie le puede igualar, debemos decir que Nuestro Señor le ha dado alas para volar por encima de los demás y por él debemos entender nosotros el noveno río que el rey Mordraín vio en su sueño, que era más rápido y profundo que todos los otros juntos. Ya te he dicho quiénes son los siete reyes que viste en tu sueño y quién el caballero que fue apartado de su compañía y que fue el último al que Nuestro Señor le dio tanta gracia que le hacía volar por encima de todos los demás.