La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial Después de cabalgar hasta la hora de mediodía llegó a una gran llanura que había en el bosque. Ante sí vio un castillo fuerte y bien situado, rodeado de muros y de fosos; delante del castillo había un prado en el que había pabellones de tela de seda, de diversos colores, que llegaban hasta cien, y ante los pabellones había más de quinientos caballeros que montados sobre grandes caballos habían comenzado un extraordinario torneo: unos iban cubiertos con armas blancas y los otros con armas negras y no había entre ellos ninguna otra clase de armas. Los que tenían las armaduras blancas estaban de espaldas al bosque y los otros de espaldas al castillo. Habían comenzado ya el torneo y habían caído tantos caballeros que era maravilla. Mira el torneo durante un gran rato, hasta que le parece que los que están de espaldas al castillo llevan la peor parte y que van a perder la plaza a pesar de ser mucho más numerosos que los demás. Al verlo se vuelve hacia ellos, como si quisiera ayudarles con su fuerza; baja la lanza y deja correr al caballo, golpeando al primero con tanta dureza que lo lleva a tierra a él y a su caballo; pasa de largo, hiere a otro y rompe la lanza, pero a pesar de todo lo derriba a tierra; coge la espada y comienza a dar grandes golpes, arriba y abajo, por medio del torneo como el que es de gran valor. Hizo tantas proezas en poco momento que todos los que lo veían le daban el premio y la recompensa del torneo; no obstante, no pudo conseguir superar a los que estaban contra él; eran tan fuertes y resistentes que le causaban admiración: les golpea y es como si lo hiciera sobre un trozo de madera, porque aquéllos no hacen semblante de sentir los golpes que les da, ni retroceden en ningún momento, sino que cada vez van ganando terreno y lo cansan tanto, en tan poco rato, que no puede ya sostener la espada. Está tan fatigado y agotado que cree no poder soportar más las armas; entonces aquéllos lo cogen a la fuerza y lo llevan al bosque, metiéndolo dentro; todos los compañeros estaban ya vencidos, pues les falta su ayuda. Los que llevan a Lanzarote le dicen: