La busqueda del santo Grial

La busqueda del santo Grial

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VIII

Cuenta la historia que, cuando Galván se separó de sus compañeros, cabalgó muchas jornadas lejos y cerca sin encontrar aventuras que merezcan ser contadas y lo mismo les ocurrió a los otros compañeros, que no hallaron tantas aventuras como solían y por esto les aburrió más la Búsqueda. Galván cabalgó, desde Pentecostés hasta el día de la Magdalena, sin encontrar una sola aventura que sea digna de contar y estaba admirado, pues pensaba que en la Búsqueda del Santo Grial hallaría aventuras fuertes y admirables mucho antes que en otro lugar. Un día se encontró con Héctor de Mares, que cabalgaba completamente solo; se reconocieron nada más verse y se mostraron una gran alegría. Le preguntó Galván a Héctor por su estado y él le dijo que estaba sano y salvo, y que no había encontrado aventuras en ningún lugar de los que visitó.

—Por mi fe —dijo Galván—, de eso quería quejarme a vos, pues así me ayude Dios, desde que me alejé de Camaloc no encontré ninguna aventura y no sé cómo ha sido esto, porque no pudo deberse a ir por tierras extrañas, países lejanos o por cabalgar de día y de noche. Os aseguro lealmente, como a mi compañero, que yendo solo sin otra necesidad, he matado a más de diez caballeros, el peor de los cuales valía bastante, pero, sin embargo, no encontré ninguna aventura.

Héctor comienza a persignarse por la maravilla que hay.


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