La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial Por la noche llegó a una torre fuerte y alta en la que pidió alojamiento y con gusto le dieron albergue. Cuando los de dentro lo hubieron desarmado en una cámara, lo llevaron a una sala situada en un piso superior, donde encontró a la señora del lugar, que era bella y joven, pero que estaba pobremente vestida; al ver entrar a Boores, corrió a su encuentro y le dio la bienvenida; él la saluda como a dama y ella lo recibe con gran alegría y le hace sentar ante sí y le prepara una gran fiesta; a la hora de comer hizo que Boores se sentara junto a ella y les sirvieran grandes manjares de carne que pusieron sobre la mesa. Cuando él ve esto, se acuerda de que no debe comer; entonces llama a un criado y le pide que le lleve agua; se la sirve en una copa de plata que Boores coloca ante sí y moja tres veces el pan. Cuando la dama ve esto, le dice:
—Señor, ¿no os agrada esta comida que os han traído?
—Señora —contesta—, mucho, y sin embargo no comeré hoy más que lo que veis.
Entonces ella deja de hablar, pues no se atrevería a hacer nada que le desagrade; cuando todos hubieron comido y se levantaron los manteles, se pusieron en pie y se dirigieron a las ventanas del palacio; Boores se sentó junto a la dama.
Y mientras hablaban, entró un criado que dijo a la dama: