La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial Entonces se va de allí y se pone en marcha por el camino que lleva hacia el mar. Cabalga hasta llegar a una abadía que estaba junto al mar; aquella noche se quedó a dormir allí y, cuando se durmió, vino una voz a decirle: «Boores, levántate y vete a la orilla del mar, donde Perceval te está esperando». Cuando oye estas palabras, salta y se hace el signo de la cruz en medio de la frente; ruega a Nuestro Señor que le conduzca, va a donde están sus armas, las toma y se las viste; después, se acerca a su caballo, le coloca la silla y el freno y, cuando ya está preparado, para que no sepan los de dentro que se va a tal hora, busca un sitio por donde salir, hasta que encuentra el muro roto por la parte de atrás, y allí había un buen camino; se acerca a su caballo, monta y va a la brecha del muro, atravesándola, y se aleja del lugar sin que nadie se dé cuenta; cabalga hasta llegar al mar y encuentra una nave en la orilla, cubierta de jamete blanco; desciende y penetra en ella, encomendándose a Jesucristo; tan pronto como ha entrado, ve que la nave se aleja de la orilla y que el viento sopla sobre la vela, llevando a la nave a gran velocidad, que parece que va volando por encima de las olas. Al ver que ha perdido su caballo, entra y se resigna. Mira la nave, pero no ve nada, pues la noche era negra y oscura y por eso no podía ver bien; se acerca a la borda del barco y se acoda allí, rogando a Jesucristo que le conduzca a un lugar donde su alma pueda estar a salvo; después de hacer su oración, se duerme hasta el día siguiente.