La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial Ellos prometen hacerlo de esta forma; entonces ella les ruega que hagan traer a su Salvador. Llaman a un santo ermitaño que vivía allí, bastante cerca del castillo, en un bosque. No tardó mucho en llegar, pues vio que la necesidad era muy grande. Se presentó ante la doncella, que cuando lo vio venir, tendió las manos hacia su Salvador y lo recibió con gran devoción. Así abandonó el siglo, con lo que los compañeros quedaron tan entristecidos que pensaron no poder reconfortarse con facilidad.
Aquel mismo día sanó la dama, pues tan pronto como se lavó con la sangre de la santa doncella, quedó limpia y curada de la lepra, y su carne, que antes era negra y repugnante a la vista, volvió a tener una gran belleza. Por esto se alegraron mucho los tres compañeros y todos los demás; hicieron con el cuerpo de la doncella lo que había pedido: le quitaron las vísceras y todo lo que le debían quitar, después la embalsamaron con tanta riqueza como si fuera cuerpo de emperador; a continuación hicieron construir una nave, cubriéndola con una tela de seda muy rica, e hicieron dentro una cama muy hermosa. Después de haber preparado la nave lo más ricamente que pudieron, acostaron en ella el cuerpo de la doncella y lanzaron la nave al mar. Boores dijo a Perceval que le pesaba que no hubiera una carta con el cuerpo para que se pudiese saber quién era la doncella y cómo había muerto.