La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial —¡Ay, Lanzarote, creÃa que no vivirÃa tanto como para saber el nombre de esta espada! Bien puedes decir que eres desdichado, pues no llevarás a término la alta aventura en la que has estado y en la que están los tres nobles, que alguna vez se consideraron menos valientes que tú. Pero ahora es sabido por todos que son santos hombres y verdaderos caballeros, más de lo que tú has sido hacia Nuestro Señor Dios. Pienso que si te quieres guardar de ahora en adelante del pecado mortal y de ir contra tu Creador, aún podrÃas encontrar piedad y misericordia, por todo lo que hayas hecho antes, en Aquél en quien habita toda compasión y que te ha llamado al camino de la verdad. Pero cuéntame ahora cómo entraste en esta nave.
Él se lo cuenta. El anciano le contesta llorando:
—Lanzarote, debes saber que Nuestro Señor te ha mostrado una gran benevolencia al llevarte en compañÃa de una doncella tan elevada y tan santa. Procura ser casto en pensamiento y en obra desde ahora en adelante, de tal forma que tu castidad concuerde con su virginidad y asà podrá durar la compañÃa de vosotros dos.
Él promete de todo corazón que no hará nada que piense que vaya en contra de su Creador.
—Vete, pues ya no tienes por qué quedarte. Si Dios quiere, con el tiempo llegarás a la casa a la que tanto deseas ir.