La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial —Y vos, señor —pregunta Lanzarote—, ¿os quedaréis aqu�
—Sà —le contesta—, pues asà tengo que hacerlo.
Mientras hablaban de este modo, el viento dio sobre la nave e hizo que se alejara de la roca. Al ver que uno se separa del otro, se encomiendan mutuamente a Dios y el buen hombre regresa a su capilla. Pero antes de marcharse de la roca comenzó a gritar:
—¡Ay, Lanzarote!, servidor de Jesucristo, por Dios, no me olvides; ruega a Galaz, el verdadero caballero, que estará con el tiempo en tu compañÃa, que pida a Nuestro Señor que por su piedad tenga compasión de mÃ.
Asà gritaba el buen hombre a Lanzarote, que estaba muy contento con las noticias que le habÃa dado de que Galaz estarÃa pronto en su compañÃa. Se acercó a la borda de la nave, acodándose en ella y poniéndose de rodillas, rogó y pidió a Nuestro Señor que lo condujera a un lugar donde pudiera hacer algo que le agradase.