La busqueda del santo Grial

La busqueda del santo Grial

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Así estuvo Lanzarote un mes —y aún más— en la nave, sin salir nunca de ella. Si alguno preguntara de qué vivió en este tiempo, pues no había encontrado comida en la nave, la historia responde que el Alto Señor que dio de comer maná en el desierto al pueblo de Israel y que hizo salir agua de la roca para que bebieran, lo mantuvo de tal forma que todas las mañanas, al acabar su oración, después de pedir al Alto Maestro que no lo olvidara, sino que le enviase su pan como cualquier padre debe hacer con su hijo, al momento de hacer esta oración, se encontraba tan lleno, tan saciado y repleto de la gracia del Espíritu Santo que le parecía haber comido de todas las buenas viandas del mundo.

Después de permanecer mucho tiempo así, sin salir de la nave, le sucedió que una noche llegó al lindero de un bosque. Prestó atención y oyó que un caballero venía por el bosque a caballo produciendo un gran estrépito. Al llegar a la salida y ver la nave, bajó del caballo y le quitó la silla y el freno, dejándolo ir por donde quisiera. Él se acercó a la nave, se persignó y entró dentro armado con todas las armas.

Cuando Lanzarote vio venir al caballero, no corrió en absoluto a armarse, pues pensaba que se trataba de lo que le había prometido el anciano acerca de Galaz: que estaría con él y le acompañaría durante algún tiempo. Se puso en pie y le dijo:

—Señor caballero, sed bienvenido.


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